miércoles, 2 de diciembre de 2009

NO AL PERIODISMO JUSTICIERO

Siento horror. Y más que eso: repulsa interior y exterior. Un hombre de 25 años, de nombre Diego y de apellido Pastrana, residente en la hermosa isla de Tenerife, ha sido condenado públicamente, por casi toda la sociedad erigida en juez colectivo, como violador y asesino de una niña de 3 años, hija de su novia. Es muy probable que hasta en el último rincón de España, y tal vez más allá de ella, se hayan escuchado los testimonios de los profesionales de la comunicación que daban hasta los más escabrosos detalles de unos hechos delictivos que ahora se nos dice que no ocurrieron.

¡Qué falta de ética en muchos de los que tienen la obligación de tenerla y demostrarla un día sí y otro también! Tal vez no nos demos cuenta, pero en nuestras mentes entran diariamente infinidad de datos, supuestamente objetivos, que carecen de las mínimas comprobaciones que deben exigirse en quienes los suministran. Hay medios de comunicación, no todos pero sí bastantes, que lanzan toneladas de basura informativa. ¿Con qué fin, me pregunto? En ocasiones, las más, para conseguir vender más. En otras, para lograr réditos ideológicos.

Qué mal anda esta profesión, de la que formo parte, cuando un hecho, que no ha sido suficientemente contrastado, se repite, copiado cientos de veces, en papel, televisión, radio e internet. ¿Dónde aparecen las fuentes, claramente identificadas, que suministran al periodista los datos que éste hace públicos y que debería firmar con su propio sello identificativo? ¿Dónde está, en bastantes de las noticias, la presunción de inocencia a la que toda persona tiene derecho? ¿Quiénes somos nosotros para erigirnos en jueces que absuelven y condenan sin oír a los protagonistas de los hechos?

Muchas son las preguntas que me hago sobre esto que no ha debido ocurrir aunque, para desgracia de todos, sucede cada día. Me da pena este hombre al que casi todos hemos condenado siendo inocente. Pero siento tanto o más dolor porque esta sociedad nuestra se está dejando llevar por el sendero que la acerca a un lugar donde puede terminar por ser destruida. Reclamo, para quienes tenemos en nuestro poder las más poderosas armas de adoctrinamiento colectivo, un retorno a los valores que esta profesión nunca debe tirar a la papelera. Tal vez si el suceso escabroso y los ídolos de barro no fueran las principales noticias transmitidas a la sociedad, ésta, probablemente, sería diferente y casi ninguna pequeña pantalla abriría sus noticiarios con asuntos degradantes que a la persona humana envilecen.

1 comentario:

  1. Compañero, el gran problema del periodismo: las fuentes, las fuentes, las fuentes. ¡Un fuerte abrazo!

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