domingo, 6 de diciembre de 2009

CONSTITUCIÓN, CON GREDOS AL FONDO



Hace 31 años, tal día como hoy, 6 de diciembre, fuimos a votar mi mujer, mi hijo y yo. El colegio electoral estaba en la misma calle en donde vivíamos y era de monjas del Divino Maestro. Previamente nos habían enviado a casa un pequeño ejemplar de la Constitución. Aún lo conservo entre los más de dos mil libros de mi biblioteca, como un regalo que nos dimos todos los españoles, unos a otros. Me gusta leerlo de vez en cuando, para no olvidar que sigue siendo un texto plenamente vivo, pese a que algunos quieran enterrarlo.


Se celebraba, aquel día, la tercera consulta democrática a la que habíamos sido llamados los ciudadanos de este país. Una por año. En junio de 1977, habíamos elegido el primer parlamento democrático y, el 15 de diciembre de 1976, en el primer referéndum desde la guerra civil de 1936, habíamos dicho sí al cambio político que dejaba atrás la dictadura.


Sobre lo sucedido el 6 de diciembre de 1978 se han escrito miles de páginas y se escribirán muchas más. Lo que a mi parecer debe resaltarse es que aquel día los españoles dábamos, al mundo y a nosotros mismos, un ejemplo de responsabilidad y concordia aprobando masivamente una Constitución que nos unía y que no fue hecha por un partido sino por todos. Las negociaciones que los ponentes de aquel texto (a quienes se les denomina “padres de la Constitución”) celebraron en el Parador de Turismo de Gredos fueron ejemplar muestra de que el diálogo y el acuerdo entre adversarios políticos es siempre posible si se busca el bien común.

No tengo claro si, después de 31 años, la Constitución debe ser reformada. Probablemente sea conveniente clarificar algunos artículos algo confusos para que haya menos conflictos. Creo que, hoy por hoy, éste es el texto que rige y el que hay que respetar. Mal hacen algunos cuando ponen por encima de la Constitución sus intereses de partido o de comunidad o la utilizan como si fuera un arma que se arroja contra el adversario. Personalmente echo en falta entre nuestros dirigentes políticos actuales el espíritu de los constituyentes y el clima de diálogo que se fraguó en las negociaciones del Parador de Gredos. Los que no han mamado estas esencias difícilmente pueden apreciar el valor que tienen unos valores que trajeron convivencia en paz y en libertad. ¡Qué malo resulta olvidar el pasado pues de él se pueden extraer las mejores enseñanzas!

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