
Lógico es que las cajas de ahorro, como otras empresas, se fusionen, sean vendidas o cierren cuando por sí solas tengan difícil subsistir por sí mismas. Pero forzarlas a que siendo plenamente viables dejen su identidad porque desde los ámbitos regionales o nacionales se pueden controlar mejor no me parece correcto. Las cajas de ahorro surgieron, muchos años hace ya, en ámbitos locales concretos para prestar en éstos un servicio social y no solamente económico. Con su desaparición, se ganan algunas cosas pero también se pierden otras.
Cuando Caja de Ávila desaparezca, que desaparecerá, la provincia abulense y sus gentes perderemos algo importante. No solamente porque desaparecerán numerosos puestos de trabajo. Ávila no ganará nada y sí perderá bastante. Se crearon las comunidades autónomas para acercar la administración a los administrados, tomando las decisiones que nos afectan más cerca de nosotros. Esa fue una de las razones que entonces se daban para justificar tantas administraciones autonómicas, que resultan muy costosas a los ciudadanos, que somos los que las pagamos. En cambio, en la creación de una caja de ahorros única en las comunidades autónomas se aplica el criterio contrario alejando de los usuarios las cúpulas directivas y decisorias. Ponen el pretexto de que la unión hace la fuerza y que así serán más eficaces y podrán resistir mejor la feroz competencia, lo que no siempre resulta cierto. A lo mejor en el futuro vuelven a nacer en los ámbitos cercanos entidades similares a las que ahora fuerzan a unirse.
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