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viernes, 26 de febrero de 2010

LA HORMIGUITA YA ES UN BEBÉ

Las primeras ecografías, al mes del embarazo, mostraban un ser vivo, parecido a una hormiguita, de tan diminuto que era. Hormiguita le llamábamos, cariñosamente, sin saber si será niño o niña. Pero ya era un ser humano con vida. A las 10 semanas, medía 25 milímetros. Sus padres gritaron de contento cuando le vieron mover los pies y las manos mientras le estaban haciendo la ecografía a la madre. “Nos ha saludado”, decían llenos de alborozo. Decidieron que ya no había que llamarle hormiguita, sino bebé. Y así le denominamos ahora. A las 12 semanas justas, el bebé mide 55 milímetros. Jo, en 15 días ha duplicado su tamaño. Toda la familia estamos llenos de alegría por esta vida que ha surgido del amor de unos padres. Cuando nazca, niño o niña, rubio o moreno, guapo o menos guapo, inteligente o menos inteligente, qué más da todo ello, encontrará cariño de sus padres y de las familias de éstos.

Traigo esto a cuento de la recién aprobada ley del aborto libre hasta las 14 semanas del embarazo, y hasta las 20 semanas si hay una supuesta deformación en la criatura o algún peligro en la madre. Una ley que no es un triunfo de la democracia, sino un atentado contra el ser humano cuando está en el vientre de la madre. Se habla del derecho de la mujer a decidir libremente sobre la vida del ser que lleva en su seno. Es cruel, muy cruel. Por la misma razón que se priva a un ser humano no nacido de la vida, algún día se podrá alegar que a los que ya no son útiles a la sociedad (por viejos, minusválidos o enfermos) se les puede matar impunemente. Y siguiendo este mismo razonamiento, también habrá justificación para exterminar a los de otra raza, ideología o creencia religiosa. Ha sucedido a lo largo de la historia humana, luego no es descabellado pensar que esto pueda suceder algún día no lejano. ¿O hemos olvidado ya los millones de muertos producidos por las dictaduras ideológicas de Stalin y Hitler? ¿No se mata aún por razones religiosas o políticas justificándolo en unos principios que son, a todas luces crueles?

Ahora se le concede a la mujer el derecho a matar la vida de un ser humano que lleva en su vientre. ¿Quién protege al ser no nacido? ¿No nos estamos convirtiendo en unos locos capaces de castigar severamente a quien destroce un huevo de una cigüeña o de otra ave protegida, permitiendo, en cambio, que se quite la vida a un ser humano en el vientre de su madre? ¿Dónde está el pretendido progresismo de proteger a los más débiles? Las futuras crías de animales tienen, en esta sociedad nuestra, más derechos que los seres humanos mientras éstos viven en el vientre de sus madres.

A nuestro hasta ayer hormiguita y ahora ya bebé, no nacido aún, le esperamos con los brazos abiertos y ya estamos deseando de que una nueva ecografía nos muestre cómo mueve las manos y los pies en un gesto que sus padres entienden que es un saludo cariñoso. No hay nada más bello que proteger la vida de los seres humanos no nacidos y nada más horrible que impedir, egoístamente por el motivo que sea, que vengan a este mundo que les pertenece desde que fueron concebidos.

martes, 16 de febrero de 2010

¿POR QUÉ HA HABLADO EL REY?

No estoy en contra de la Monarquía. Es una forma de gobierno tan legítima como la República. En su día, los españoles votamos un Constitución que está en vigor y debe ser respetada y cumplida. Si algún día se cambia, por los cauces legales, se debe acatar y punto. Dicho esto, añado que no me ha gustado que el Rey haya salido a echar un cable al Gobierno de Rodríguez Zapatero pidiendo que un pacto entre todos para resolver la grave crisis económica (y social, y moral) que vive nuestro país.

¿Por qué no estoy de acuerdo? Básicamente porque quien tiene que gobernar es el gobierno que fue elegido por las Cortes. Él es el único responsable de lo bueno y de lo malo que hace. También de lo que no hace. El Gobierno, y sólo él, tiene que llevar la iniciativa. Si lo cree conveniente, pedirá ayuda a quien le parezca y se aliará con quien quiera, si no es capaz de resolver por sí solo la situación.

Me gustaría saber por qué el Rey ha entrado en la política concreta y partidista. Sólo encuentro dos respuestas. La primera, que quien tiene el deber de gobernar, o sea Rodríguez Zapatero, le haya pedido que le ayude en estos malos momentos por los que atraviesa el país (y su propia imagen como gobernante). La segunda, que el propio Monarca, ante la gravedad de la situación, haya querido echar un cable para que los dirigentes políticos, económicos y sociales se pongan de acuerdo.

Si la respuesta es la primera, el Rey no ha actuado correctamente sino al dictado del Gobierno actual, lo cual es muy grave y el Monarca perderá muchos puntos en la simpatía ciudadana. Si, por el contrario, ha actuado por propia iniciativa y no por consejo, petición, sugerencia o súplica de nadie, también su actuación ha sido, desde mi punto de vista, poco correcta. Si el Rey de todos está convencido de que tan mal marcha la nave del país, tiene otros medios para hacerse escuchar y moderar. Pero sus funciones no pasan, creo yo, por entra en la dialéctica partidista.
Rodríguez Zapatero lo está haciendo mal, al entender de muchos, pero es quien tiene que dirigir el gobierno. A él le corresponden topdas las iniciativas. Solo o en compañía, que haga lo que sepa o pueda. Si no resuelve los problemas, que se vaya y deje paso a otro que lo intente. O que le destituyan los que le ascendieron al poder.

El principal partido de la oposición, el PP, no es el que gobierna ni tiene por qué asentir a lo que diga Rodríguez Zapatero. Arrimar el hombro, en situaciones de crisis, como la que vivimos, con más de cuatro millones de parados, no consiste en apoyar lo que se está haciendo rematadamente mal, sino en criticarlo y pedir que se haga de otra manera. Pero insisto, a la oposición no hay que pedirle que gobierne, sino que sea oposición. Y al Rey, que no se meta en asuntos de gobernación, porque en su papel constitucional no está inclinarse por una política gubernamental determinada.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

LA CARA REAL DE LA PRENSA


Releo el análisis que hizo el Papa Benedicto XVI el día 8 de diciembre, en la plaza de España de Roma, ante el monumento a la Inmaculada. Habló de los medios de comunicación, tan presentes hoy en todos los estamentos de nuestra sociedad. Sus palabras, para mí, son un diagnóstico real que sería bueno que nos tomáramos más en serio los que informan y los que son informados. Mejor nos iría, creo yo.

Decía el Papa: “Cada día en los diarios, la televisión y la radio el mal es contado, repetido y amplificado, acostumbrándonos a las cosas más horribles, haciéndonos más insensibles y de, alguna manera, intoxicándonos, porque lo negativo no es totalmente eliminado y día a día se va acumulando. El corazón se endurece y los pensamientos se ensombrecen”.

¿Es que estas palabras describen una situación que no está ajustada al milímetro a lo que cotidianamente sucede? ¿Exagera el Papa? Somos bastantes, por lo escucho y leo, los que coincidimos en que estamos siendo intoxicados permanentemente con hechos que aunque forman parte de la historia humana no son toda la historia de los hombres, sino solamente de unos poquitos. Hay gente buena. Mucha gente buena. Cada segundo, no cada día, surgen noticias con el rostro más humano, noble y solidario. Pero éstas no tienen espacio en los medios de comunicación. Desgraciadamente, porque a los comunicadores se nos enseña que lo malo, por excepcional, “vende”, mientras que lo bueno, por ser lo más habitual, no tiene interés público.

El Papa quiso, con sus palabras, sacudir conciencias. Es más fácil echar a otros la responsabilidad pues asumir la que a cada uno toca es duro siempre. Dijo Benedicto XVI: “Los medios de comunicación tienden a hacernos sentir cada vez más como espectadores, como si el mal afectase solamente a los otros y ciertas cosas jamás nos pudiesen ocurrir a nosotros. Por el contrario, todos somos actores en el bien y en el mal y nuestro comportamiento tiene un influjo sobre los otros". Suficientemente claro para quienes estén dispuestos a escuchar.