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jueves, 25 de febrero de 2010

DELINCUENTES CONVERTIDOS EN HÉROES

A veces, uno no sabe si vivimos en una sociedad civilizada o en un mundo absurdo. Si vemos ciertas cadenas de televisión (no todas, a Dios gracias), a bastantes ciudadanos de a pie nos dan náuseas por lo que se nos transmite. ¿Cómo es posible que se dé tanta publicidad a un chico que ha cometido varios delitos, entre ellos el de asesinar a una persona cuando era menor de edad penal, se le lleve al plató como a los personajes más famosos y se le siga con las cámaras como si fuera un héroe nacional? ¿Dónde nos va a llevar esto?

No estoy a favor de la censura y nunca lo estuve, aunque la padecí, y bastante, en mis años primeros del ejercicio profesional del periodismo, cuando miraban con lupa lo que escribías y los censores del lápiz rojo interpretaban, siempre equivocadamente, lo que decías. Pero una cosa es la libertad y otra el respeto a ciertas normas éticas que en toda profesión existen y que deben ser cumplidas por el bien común. También los periodistas somos responsables, y mucho, de lo que relatamos y de lo que dejamos de decir. No entiendo, de verdad, que a un muchacho delincuente se le dé tanto espacio informativo porque se le está haciendo un ídolo al que personas no bien formadas pueden tener la tentación de imitar. ¿O es que no ha ocurrido nunca?

Los medios de comunicación (aquí lo he dejado escrito más veces) deberían cuidar más todo lo que puede producir un efecto de imitación. No me parece correcto que a un delincuente se le lleve a un plató de televisión para exhibirlo morbosamente ante la audiencia como si fuera una persona digna de respeto e imitación. Esto, para mí, es degradar una profesión que tiene una parte de pedagogía. Narrar los hechos no quiere decir que haya que regodearse en sus aspectos más nauseabundos, ni que los que cometen delitos sean elevados a la categoría de personajes famosos.

Somos los profesionales, cada uno en su parcela, los que tenemos en nuestras manos que no se dañen unos principios éticos. En el periodismo, hay mucho que corregir.

viernes, 15 de enero de 2010

BALAS CONTRA EL OBISPO MUNILLA

Otra vez el periodismo sensacionalista, o intencionadamente dirigido contra personas concretas, ha vuelto a hacer de las suyas. El obispo Munilla está en el “huracán” informativo porque el Papa le ha enviado a dirigir la Iglesia de San Sebastián, cosa que ha sentado muy mal a los nacionalistas eclesiásticos y laicos. Los medios de comunicación se lo rifan porque ellos mismos le han convertido en personaje de interés informativo. Está siendo seguido con lupa por algunos periodistas que quieren encontrar en sus palabras o en sus hechos titulares llamativos. Parece que un agresivo titular sigue siendo el dogma periodístico de aquellos a los que no les importa la noticia en sí, sino en cómo atraer la atención del lector u oyente. Una agencia española de información, de titularidad estatal, distribuyó una noticia, sacada de una entrevista difundada por una emisora de radio de San sebastián, titulándola de esta manera: “Munilla: hay males mayores que la tragedia de Haití”. Confieso que cuando lo vi reflejado en varios periódicos digitales, no simpatizantes con la religión, me dije a mí mismo que aquello no podía ser cierto, que nadie, en su sano juicio, podía lanzar al aire de las ondas una afirmación así, y menos un obispo. Porque cualquier persona sensata considera que lo que ha sucedido en el país más pobre de América, donde el terremoto ha causado decenas de miles de muertos, es una gravísima tragedia que duele a todo el que tenga un mínimo de sentimientos humanos.

Ha tenido que ser el propio obispo Munilla, cuando se ha enterado de lo que ponían en su boca, quien lo ha desmentido de esta manera: “El citado titular está extraído con "forceps" de una pregunta "teológica" que se me hizo, referente a cómo creer en la existencia de Dios ante el sufrimiento de tantos inocentes... Yo expliqué que el mal que sufren esos inocentes no tiene la última palabra, porque Dios les ha prometido la felicidad eterna. En ese contexto, utilicé la expresión "existen males mayores", refiriéndome explícitamente a otro tipo de mal, al "pecado" de quienes vivimos en los países ricos y somos cómplices de una opulencia insolidaria hacia los pobres.”

Seguirán algunos buscando interpretaciones diferentes e intentando demostrar que el obispo dice lo que él no dice. Hasta le acusarán de falta de sensibilidad ante esta tragedia que está viviendo Haití. Seguro que quienes son tan amigos de buscar escándalos mediáticos aportan menos ayuda material para los cientos de miles de damnificados que la que muchos católicos, de forma individual y colectiva, y otras muchas personas no católicas, a través de diferentes organizaciones, están enviando. Pero se trataba de disparar contra un obispo católico que es personaje famoso en los ámbitos periodísticos, no porque él lo haya buscado sino porque le han colocado, o le hemos colocado, ahí.

Existen armas que destruyen vidas humanas y también hay otras que no derraman sangre pero sí dañan la honorabilidad de las personas, confunden la verdad con la mentira y manipulan, de forma más o menos consciente, los hechos y los dichos. Parece que se olvida interesadamente o por negligencia que hay principios que deben ser respetados de forma casi sagrada en cualquier profesión. Los periodistas tenemos en nuestro poder mucha fuerza y con bastante frecuencia la empleamos mal. ¿Nos damos cuentas de la responsabilidad que asumimos cuando no hacemos bien nuestro trabajo? No, no todo vale. Un titular debe estar ajustado a la noticia y ésta ha de ser un reflejo fiel de la realidad.